miércoles, 2 de junio de 2010

Prologo

AÑO 354 D.C. provincia de Thracia


Algo se movió en el filo de la sombra del viejo baúl que le erizó los pelos de la nuca, desechó ese pensamiento de inmediato, al fin y al cabo siempre había algo que se movía en las sombras de esa habitación, el maestro tenía muchos sirvientes y no todos eran de carne y hueso. El baúl siempre emitía mucho calor, tenia cientos de grabados de extraños dibujos que a oscuras resplandecían. Hacia que toda la habitación tuviera un ambiente cargado con todos esos olores, a especias y compuestos químicos, era la única sala en todo el edificio que no necesitaba una chimenea.
El laboratorio de Lucius era una habitación rectangular llena de estanterías repletas de libros, pergaminos y un sin fin de botes y tarros multicolor, una gran mesa de madera ocupaba el centro de la sala. En los bordes de esta había tallados glifos y en el centro una gran mancha negra de quemadura, la mesa estaba orientada de tal forma que en las noches de luna llena la claridad se reflejaba en ella, en estos años había aprendido lo importante que era esto para realizar cierta magia. Al fondo, otra mesa a modo de escritorio donde se podía encontrar siempre a Lucius, y allí estaba, sentado escribiendo al margen de lo que ocurriera fuera. Se acercó más a su Sire e hincó la rodilla en el suelo, agachó la cabeza y esperó a que él hablara primero.

- No tengo nada más que enseñarte mi pupilo, en todo este tiempo te he enseñado todo lo que se puede enseñar, el resto tienes que aprenderlo con tu propia experiencia, ya estás listo para seguir tu camino. Solo te pido una cosa.- dijo Lucius sin levantar la mirada del pergamino.

Lucius era un hombre de mediana edad con el pelo corto y negro como el tizón que a simple vista parecía un poco tísico o enclenque pero que en cuanto clavaba su mirada en ti, con sus ojos negros sin pupila trasmitía una fuerza que encogía el alma
- Lo sé maestro, le detendré aunque me cueste el resto de la eternidad le encontraré y le detendré por lo que nos hizo a ambos.- afirmó sin ningún atisbo de duda sabiendo lo que su Sire iba a decir.
- Dicho está todo entonces, continua con tu juego, la batalla requiere tu presencia en este momento.- Presagió el anciano perdiendo la mirada por la ventana con los ojos clavados en la oscuridad de la noche.

En ese momento llamaron a la puerta que se entreabrió unos centímetros. Un griterío llegó desde fuera en el patio y una voz titubeo

- General le necesi...
- Ya voy Kozarnika, espera unos instantes- cortó al centurión tajante
- Pero general…- insistió este con una voz apremiante
- HE DICHO QUE ESPERES!- alzando la voz zanjando la cuestión, luego la puerta se cerro - nunca deja de sorprenderme ese don suyo para preveer las cosas, espero que también se desarrolle en mi, con el tiempo me será muy útil.
- Tranquilo, lo hará a su debido tiempo, aunque tu sangre no sea de mi linaje ese don tampoco lo es, solo es un hábito que se alcanza dominando otras disciplinas y en esas ya estás más que iniciado. Ahora ve.- ordeno amablemente
- Nos volveremos a ver?- preguntó con esperanza
- No lo se mi aprendiz, seguro estoy que los dos sobreviviremos a la escena de hoy y a muchas otras, pero no se si nuestros caminos se volverán a cruzar.- y una ola de tristeza cubrió su rostro

Se levanto e hizo una reverencia muy marcada, como siempre que se retiraba de su presencia y en un movimiento marcial se giró y se dirigió a la puerta, pero al tomar el pomo se detuvo…

- Suerte Sire - le deseó sin volver la vista.
- Suerte hermano - contestó el anciano que siguió escribiendo en el viejo pergamino.

Tiró con fuerza del pomo y en un solo gesto salió y cerro tras de si, esta vez para siempre. Antes de oír por ultima vez el golpe sordo de la puerta como si esta cerrara al vacío, se inundaron sus oídos con los gritos de los soldados y el acero contra el acero. Una batalla transcurría en el patio interior.

- Informa Kozarnika- ordenó sin más preámbulo

Nunca se refería a el por su grado si no había gente delante que obligara a mantener un protocolo.

- El muro Este ha caído, pero aun les contenemos. Al portón no le queda mucho, si lo perdemos no habrá nada que hacer- explicó el centurión con pesimismo
- A que nos enfrentamos?, son solo bárbaros?- pregunto
- No mi señor también hay lupinos entre ellos, en realidad por eso están ...- dejo la frase sin acabar. Nunca habían perdido una batalla desde que el general Darko Zèfiro tomo el mando y se resistía a decir en voz alta que eso era lo que estaba a punto de ocurrir.
- Bien, eso explica como sortearon las defensas del maestro-

Hizo una pausa para pensar unos instantes en lo que se acercaban al balcón que daba al patio interior, la escena era sobrecogedora, más de 30 legionarios estaban sujetando la puerta mientras las sacudidas del ariete enemigo se sucedían una y otra vez de forma rítmica. En los muros la escena no era mejor, muertos por doquier esparcidos por la fría piedra mientras otros luchaban contra las bestias peludas.

- De acuerdo, si quieren la fortaleza que se la queden, el imperio ya esta acabado y a nosotros nos quedan muchas batallas por delante que realmente si serán nuestras y no por la codicia de Roma. Toca reagrupamiento, que los legionarios se reúnan en el patio, vamos a salir por la puerta llevándonos todo lo que se ponga por delante. Hay que llegar a la abadía antes de que salga el sol, allí pensaremos el siguiente movimiento.-
- Si mi señor.- rápidamente se puso en movimiento bajando las escaleras de caracol hacia el patio impartiendo las órdenes a todos los hombres que le podían escuchar para que estos las repitieran.

Cogió su casco de General de debajo del brazo y lo miro, también hoy era la ultima vez que se lo pondría, echaría de menos el plumaje rojo del imperio, pero si algo había aprendido desde que naciera en aquella aldea a la orilla del Pontus euxinus era que o te adaptas o te adaptan a una fosa. Se puso el casco y antes de desenvainar la espada volvió a contemplar el campo de batalla: las manchas de sangre mezclándose con la nieve en el muro Este, las bolas de paja en llamas lanzadas desde lo alto de la montaña por los atacantes en la parte Oeste de la fortaleza y las antorchas del campamento enemigo al frente.
El sitio a la fortaleza ya duraba 4 días gracias a las defensas mágicas de Lucius y ha que les había tomado varios días llegar a lo alto de la montaña con las bolas de paja para bombardearles, la fortaleza a priori era muy sólida y defendible con solo dos muros, una montaña en el costado y el acantilado a su espalda, tan escarpado que ni vivo ni no-muerto podría escalarlo - si solo les hubieran enviado los refuerzos que solicitaron.- pensó - Pero no, ellos eran soldados prescindibles. (Maldijo todo el linaje Magnus en su interior, y el calor de la ira le templo para la batalla que tenia por delante. Sobreviviría hoy para hacerles pagar por esta traición, desenvaino el gladius y salto por la barandilla de piedra para aterrizar 5 metros mas abajo en el patio nevado en un grácil movimiento.

- Reuniros en torno a mí !! - grito – Vosotros, los de la puerta, a mi orden apartaros y formar detrás de los que aun conservan el escudo. Después cargar como si de ello dependiera vuestro asqueroso pellejo. Esta noche dormiremos en la abadía porque esta choza de piedra desproporcionada no será nuestra tumba, hoy ellos morirán a pilum y escudo de legionario - animo a las tropas llenándoles de valor y honor.

Un grito de guerra se levanto por encima del ruido de la batalla al unísono y las filas de legionarios empezaron a formar en el patio. En unos minutos ya estaban dispuestas dos líneas perfectamente organizadas en una clásica formación imperial
- Ahora apartaros y mantener la línea, cargar todos a la vez, salgamos de este agujero infecto y que les aproveche a los lupinos-
Kozarnika apareció puntual a su lado y mirándole a los ojos le susurró:
- no te separes de mi –
Con la mirada nuevamente en el portón alzó la espada y con un tono visceral gritó: -por los hermanos caídos , que paguen por cada gota de sangre legionaria! -

Con un estruendo las puertas cedieron a la embestida del ariete y muchos de los teutones que lo sostenían perdieron el equilibrio y cayeron al suelo al no encontrar resistencia en el portón desencajado, que ya no estaba sostenido por los defensores. Al caer al suelo, arrastraron a otros muchos, la última escaramuza comenzó. La falange comenzó a avanzar como una sola entidad, toda la disciplina y el entrenamiento de las legiones romanas estaba a punto de rubricar una de las mejores exhibiciones en batalla. Los bárbaros entraban a borbotones pero chocaban con la línea que mantenía su lento pero inexorable avance

-¡Cuidado con los flancos! Los de las murallas: ¡retroceded y cerrar filas! - gritó Kozarnika a los pocos que plantaban cara a los invasores lupinos en lo alto de las murallas.

Al sobrepasar la muralla el grueso de las fuerzas teutónicas, algo mejor organizadas, enfrentan las líneas de legionarios. Muchos cayeron en la primera acometida pero la línea prevalecía. Entonces Darko tomó la delantera, como otras cientos de veces, y la línea se convirtió en punta de flecha con el general al frente rompiendo la formación enemiga, con la velocidad que le concedía el poder de su sangre no-muerta fabrico un hueco por el que pasar. La maniobra cogió desprevenidos a los bárbaros, quienes no esperaban una desbandada y en vez de cortarles el paso cerraron filas por detrás atrapando a parte de la falange lo que permitió el éxito de la estratagema, atrás quedo la fortaleza en llamas y los ruidos del acero y la muerte.

De 650 hombres que defendían la fortaleza no muchos llegaron esa noche a la abadía, pero no todos eran lo que parecían; más de 50 eran vástagos, vampiros de la familia Magnus y aunque pocos monjes sobrevivieron a esa noche tras saciar su hambre de sangre fresca algunos pocos verían muchas más para compensar las bajas.
Monjes y los pocos legionarios humanos que sobrevivieron fueron abrazados a la no-vida en el rincón más recóndito de los Alpes.






Dos noches después con las heridas ya curadas, los decuriones se reunieron en el gran salón de la abadía alrededor de una colosal mesa de madera que se encontraba en un salón repleto de tapices con escenas de angeles ajusticiando demonios y sombras del abismo.
Todos vestían con túnicas de monje y sostenían una copa llena. Cuatro o cinco conversaciones simultaneas debatían el futuro de la centuria, pero al abrirse las puertas del salón el silencio lo inundó todo y las miradas convergieron en él, un hombre con el pelo largo y fino de color negro carbón y plagado de canas como hilos de plata, esbelto en su metro ochenta y vestido con la armadura de guerrero, pero sin los adornos y galones del imperio romano. Su piel de un tono gris claro, por no haberla rozado el sol durante siglos, brillando con el reflejo de las llamas de velas que iluminaban la sala. Tenía el gesto rígido y preocupado, acentuado por su mentón afilado, un semblante reconocido por todos. Se avecinaban cambios.
A su lado como siempre Kozarnika, con igual atuendo pero sin el porte de su señor. De complexión robusta, con la cabeza redonda, algo mas bajo que Darko y con una mirada recia de autentico centurión romano. Este tampoco llevaba los galones porque de todos era sabido que solo la guadaña de la muerte podría separarle de su Hermano de armas. Darko se acercó a la mesa, cogió una copa y levantándola en alto dijo en tono severo.

- Por los caídos.-

Todos levantaron la copa y bebieron, el silencio se volvió a adueñar de la sala, estaban expectantes mientras el general se sentó y paseo la mirada por sus rostros acariciándose la barbilla pensativo.

- Bien ¿y ahora que?- dijo de pronto apoyando los codos en la mesa y tensando la espalda. Su tono de voz denotaba enfado - Pues os diré lo que voy hacer, o mejor dicho lo que no voy a hacer: no voy a volver a Roma – hizo una pausa para que la frase calara – No serviré más a un imperio corrupto ni al de una familia sin honor. La familia Magnus orgullosa primogénita de la marca de Caín siempre ha estado a la sombra de la humanidad, dirigiéndola, moldeándola entre bastidores desde la noche de los tiempos, siendo cada gran hombre, guerrero o dios que ha existido, pero los mil años de republica e imperio la han corrompido, despojándola de honor, de dirección, ahora se traicionan unos a otros, se matan, se venden y compran todo como si fueran los Belial. No recibiré mas ordenes de estos indignos. Yo soy soldado y tengo un código algo que ellos han olvidado.- hizo una pausa para evaluar las reacciones de sus decuriones en la sala pero no las hubo - Se que para mi será mas fácil olvidar porque mi sangre no es Magnus, todos sabéis que Lucius me acogió en la familia, no tengo ese vinculo de sangre como vosotros solo lealtad y ahora mi lealtad es para con Lucius y vosotros. Entenderé que algunos decidan irse, no habrá rencores, solo espero discreción.- Hizo otra pausa - Bien es hora de que vosotros habléis ¿que pensáis?, decid- pregunto haciendo un amplio ademán con los brazos y las palmas hacia arriba.

Pero nadie dijo nada, se miraban unos a otros y la tensión se palpaba. Los decuriones se miraban y se removían incómodos en sus asientos.

- Que piensas tu Caius, eres el mas veterano de nosotros, tu opinión es importante - rompió el silencio Kozarnika y dio un sorbo a su copa
- Cierto, eres incluso mas viejo que yo y tu opinión es importante para todos y me incluyo, así que habla por favor - estuvo de acuerdo Darko y se reclino en la silla

El decurión Caius tomo un sorbo de su copa y apoyo los codos en la mesa entrelazando los dedos

- Las palabras del general son sabias como siempre, el ha sido entrenado para pensar, no como nosotros, que lo hemos sido para actuar, pero creo que la pregunta que todos se harán es: ¿y que hacemos entonces? -

Darko sonrío. Había estado esperando esa pregunta desde el principio porque era la misma que le hizo el a su sire, se levanto de la silla y comenzó a pasear alrededor de la mesa, siempre le resultaba mas fácil hablar caminando.

-Bien, ¿que pensáis que podríamos hacer?- pregunto en tono alegre- pues haremos lo que sabemos hacer: trabajar con el acero para quien pague nuestro precio seremos una organización clandestina seremos la cofradía del gladius.- Entonces desenvaino la espada y propino un golpe seco en la mesa, luego la lanzo girando al centro de la mesa - Nos dividiremos en grupos y nos instalaremos en la principales metrópolis, extenderemos nuestra red y seremos nuestros propios dueños viviendo como sabemos, viviendo con honor- concluyo triunfante, todos en la sala levantaron las copas y bebieron aprobando el plan, Darko miro a Kozarnika, que sonreía. Todo había ido según los designios de Lucius, hoy empezaban de nuevo, la reunión se extendió hasta el amanecer trazando planes y organizando las funciones de cada grupo.

A la noche siguiente todos partieron dejando la abadía vacía y muerta. Durante los siguientes años solo se oiría entre esas paredes el gemir del viento, hasta que fuera redescubierta por los cruzados.
Cada grupo partió a una metrópolis con la misión de establecer una cofradía independiente, reclutar nuevos vástagos, instruidos y enraizarse hasta que fueran parte de sus cimientos. En unas décadas serian muy poderosos si todo marchaba como se había planeado la noche anterior. Darko partió hacia Atenas con Kozarnika y un esclavo de color que se hallaba en la abadía llamado Ohmar. Había sido abrazado por Darko y encomendado a Kozarnika para su adiestramiento. Cuando Kozarnika le pregunto los motivos de su acción, el general le miro fijamente a los ojos y le dijo - ¿no lo hueles? este nativo apesta a maná -desde ese momento no le había quitado ojo al Apolo de Ebano, que era como le apodaban los otros legionarios.

- ¿Por qué Atenas mi señor?- pregunto kozarnica cuando ya apenas se distinguía la abadía a sus espaldas
- Nuestra misión es distinta que la de los demás y allí hay una biblioteca que tenemos que visitar, una de muchas amigo mío- hizo una pausa y observo la mueca del otro al oír la palabra biblioteca- paciencia no pongas esa cara también volveremos a empuñar el acero- dijo entre una carcajada - pero todo a su tiempo, todo a su tiempo- esto ultimo lo pronuncio mas como si fuera para el mismo que para su compañero con la mirada fija en el horizonte y nuevamente perdido en sus pensamientos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario